miércoles, 29 de abril de 2015

París a la Tortrix





POR CHRISTIAN RODRÍGUEZ 


 
Todo el mundo sueña con visitar la romántica ciudad de París (la Ville Lumière). La "Ciudad de la Luz".  

De la luz artificial, supongo, porque casi todos los días que estuve allí el cielo estuvo color plomo. Todo el día nublado o lloviendo.
 
París es una megaciudad donde habitan 12 millones de personas. A eso hay que sumarle más de 42 millones de turistas que llegan anualmente. Nadie lo menciona pero es asfixiante. Largas filas por todos lados para hacer cualquier cosa. Entrar a cualquier museo, iglesia, bar, restaurante, metro, baño público… es un asco; aparte de que a mí las ciudades jamás me han gustado.

¿Qué estaba haciendo yo en París entonces? Si a mí lo que me gusta son las montañas, los bosques, las cuevas, los mares, los volcanes, los ríos... la naturaleza. Y sinceramente, tenemos una pequeña París en Guatemala, una "París a la Tortrix".

¿La Torre Eiffel?

Pues tampoco es para tanto. En Guatemala tenemos una copia, algo "chafita" por cierto, y en miniatura. La Torre del Reformador. 

Sí, esa que nos regaló Ubico. El fascista que se mojaba los pantalones por Mussolini, Franco y Hitler.

Fotos de Christian Rodríguez
¿Los Campos Elíseos?  

Esa calle ancha con árboles por donde caminó aquel otro “chafarote”; Reyna Barrios. 

Le gustó tanto, que cuando regresó a Guatemala venía inspirado y se mandó a construir la avenida La Reforma y la Simeón Cañas, aparte del montón de edificios estilo renacentista francés como el actual Museo de Historia, el Registro de la Propiedad Inmueble, la Casa de Té del Zoológico La Aurora y otros más.

-¡Ah! –exclamó-. Pero ¡qué bonita es mi Pequeña París!  


Sí, la Biblioteca Nacional de Francia. Esa que "conserva" entre sus saqueos internacionales uno de los tres códices mayas precolombinos y que le llaman “Códice de París” para jodernos más.

Ni siquiera nos han querido dar una pinche fotocopia, y no sólo eso… ¡tienen prohibida su exhibición al público!

Pero, ¿y qué más hay en París? 

Pues está el Museo del Louvre, donde se encuentra la famosa Gioconda.

¿La Gioco qué?
   
La Mona Lisa pues.

Una pintura de apenas 73x 53cm. O sea, una mierdita entre las más de 35 mil obras para ver en este descomunal museo. Y lo peor de ello es que toda la gente sólo quiere ver a la Mona Lisa para sacarse la foto con ella y subirla al "face".

Pero al estar al fondo de un salón a muchos metros de distancia y con murallas de 300 personas delante, todas más altas que yo, sólo podría decir que sí; ahí estuve. Y que detrás de todas esas cabezas estaba la Mona Lisa. ¡Qué chilero vos!

Pero allí estaba, paseando por las calles parisinas cargando a mi bebé dentro de un perraje típico. Y vieran ustedes cómo llamé la atención; no tanto porque un hombre estuviera cargando a una bebé a la manera tradicional indígena; sino porque en los países “desarrollados” eso de cargar bebés en brazos está como mal visto. 

A los bebés simplemente los meten en carruajes negándoles apapachos como si no los quisieran. “Se malacostumbran”, dicen. Es mejor dejarlos que se retuerzan llorando en el cochecito antes que cargarlos. 

Así que varias fueron las personas que me pidieron sacarse fotos conmigo y mi bebé dentro del perraje maya. Seguro que las fotos fueron de mejor calidad, más cercanía y más personalizadas que las que se pudieron sacar con la pintura de la Mona Lisa. Me felicitaban, estaban admirados y se mostraban enternecidos por mi manera de llevar a mi bebé. Me preguntaba a mí mismo el porqué de tal admiración, si así mismo lo han hecho las personas durante toda la vida.

Vagué por muchas calles de París buscando arte urbano. Ese arte reivindicativo que lo comparan con vandalismo en Guatemala. 

Vi varias obras escondidas de Banksy (aparentemente), impresionantes murales de Jef Aerosol y fui tras los múltiples iconos del genial Oré, al que tuve el honor de conocer en persona en Bilbao, y su obra Quetzalcóatl. 

La comida en París no estaba mal.

No estoy seguro, pero creo que no probé nada de la comida francesa porque barata no es. Comí más bien en pequeños puestos de comida árabe, magrebí, vietnamita y cafeterías de origen subsahariano. ¡Qué buenos están los kebabs! Al no haber tamales o rellenitos, pues hay que probar de todo un poco ¿no?

En la "París a la Tortrix" pareciera que no hay nada guatemalteco. Al contrario de Guate, donde abundan las copias baratas de las cosas francesas.

¿Y si hubiera encontrado alguna tienda donde vendan Tortrix? 

Pues seguramente no los hubiera comprado, porque me parece un producto de muy mala calidad.

Mientras paseaba por las calles yo sólo veía multitud de personas haciendo colas. Inmensas filas de espera para entrar a la Torre Eiffel, a la Catedral de Notre Dame, al Museo del Louvre y Orsay o para comprar pan, subirse al metro o usar cualquier baño público.

Lo que me interesaba de París no eran ni sus edificios o museos… era la muerte. Porque las obras que se refieren a la muerte en París son extraordinarias.

Estaba obsesionado por visitar Les Catacombes de Paris (Las Catacumbas).  

Calles, túneles, pasadizos, torres y capillas construidas con huesos humanos.

Debajo de París se arremolinan más de 300 kilómetros de los sitios más lúgubres y siniestros que jamás te hayas podido imaginar. Con millones de calaveras, cráneos y huesos humanos que dan forma a intrincadas obras de arte. Aunque sólo se pueda visitar poco más de un kilómetro, esto es el verdadero corazón de París.


Pero antes fui a visitar el cementerio de Père-Lachaise que contiene 70,000 tumbas, 5,300 árboles, centenares de gatos orondos y miles de pájaros que anidan en sus ramas y ambientan el lugar con hermosos cánticos. 

Entre las tumbas de celebridades se pueden encontrar músicos, políticos, escritores y pintores. 

Entre los escritores están Balzac, Proust y Oscar Wilde, y de la música Rossini, Bizet y Chopin.

Pero la mayoría de visitantes se dirige como hipnotizada a una misma tumba. 

A algunos se les salen las lágrimas mientras se sacan el chicle de la boca. El olor cerca de la tumba es tan intenso y dulce que te hace delirar. Hay un gran árbol al pie de la tumba; está completamente cubierto de chicles mascados de diversos sabores y colores. Con los chicles aún húmedos forman figuras de corazones, de soles y de penes que pegan en el árbol con mensajes alusivos al dios psicodélico del sexo: el gran Jim Morrison.


Es en ese mismo cementerio donde realmente sí hay algo de Guatemala y que me interesaba visitar, aunque tal vez sea mucho menos conocido para los parisinos.

Primero, para aprovechar el estar allí, la visita a la tumba del escritor y periodista guatemalteco Enrique Gómez Carrillo. Pero no era una tumba tan impresionante. Lo era lo que iba a ver seguidamente.

En medio de los árboles y de una pequeña calle se levanta una estela maya. Es una réplica de la estela 14 de Ceibal con la leyenda "Hombres de Maíz". Es la tumba de Miguel Ángel Asturias. Aquel que dijera alguna vez que "En Guatemala sólo se puede vivir borracho o loco".


Así que ya estaba.

No había leído nada anteriormente de cómo era esa tumba y me llevé una muy agradable sorpresa.

Así que sólo me quedaba una cosa más por conocer en París. La que realmente quería conocer de esta ciudad. Las catacumbas. 

No había podido entrar anteriormente porque no dejan entrar con bebés.

Me parecía el plato fuerte y final de la visita a esta ciudad. Así que dejé a mi bebé y a mi esposa juntas mientras me iba directo al inframundo parisino. Pero de nuevo las colas, la interminable espera. Más de mil personas querían entrar. Fue la única cola que hice y que no me importaba hacer en mi visita a París. Pero fue tan larga la espera que ya no me dio tiempo de hacer la visita. Me quedé a tan sólo 5 personas de poder entrar.

Pero bueno. Siempre hay que dejar algo para después, por si sale una próxima visita.

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Christian Rodríguez      DE SIMAS Y CIMAS 

 

Nací en 1976. Crecí en la zona 18 influenciado por la pobreza, las injusticias sociales, la falta de oportunidades y la constante amenaza de la violencia de la guerra y las pandillas.


Para escapar me fui a probar suerte a las montañas.  

 
Más de 400 ascendidas en Europa, África y América.  
Entrené muy duro: «Potencia» acarreando agua hasta mi casa. «Resistencia» colgándome de las ventanas de viejos autobuses para ir a estudiar y trabajar. «Velocidad» huyendo de la delincuencia común.    

Migré a tierras vascas en 2009 siguiendo al amor.
Soy guía de montaña titulado en Europa, conferencista, galardonado escritor y fotógrafo. 
Además, presidente de una ONG con proyectos de cooperación y becas estudiantiles en Guatemala y organizador de programas de montañismo para migrantes, personas con discapacidad o sin hogar. 
«Guatemalteco Ilustre 2014» aunque no sé por qué sinceramente. De «ilustre» no tengo nada y de «guatemalteco» me queda poco. Me considero ciudadano del mundo.



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