domingo, 1 de febrero de 2015

La educación como derecho





POR MYRELLA SAADEH



Si la educación es un tema que teóricamente no plantea ninguna duda o algún tipo de discusión o cuestionamiento, la pregunta es: ¿Por qué es un derecho tan negado, vulnerado y violentado en Guatemala?

Paulo Freire ofrece algunas pistas para comenzar a dar respuestas a este dilema.

Si se concibe la educación como un derecho, significa que el educando es un sujeto. Un sujeto de derechos. Un ciudadano. Sin importar la edad.

Esta condición de ciudadanía implica que el proceso educativo exige respeto por los educandos, generalmente niños, niñas y adolescentes, y por los saberes de todos y cada uno de ellos y ellas, así como por su autonomía. 

Entonces es complejo que en la práctica un currículo nacional sea base para todos, especialmente en un país tan diverso como Guatemala en donde la ruralidad, la etnicidad, las diferencias de sexo y edad, así como las condiciones económicas; exigen que éste se aplique considerando dichas pluralidades.

El currículo debe ser asumido como un referente, ya que la diversidad marca contrastes que merecen abordajes diferenciados pero con un mismo principio: respeto. 

Lo anterior permite cuestionarse: ¿Es posible enseñar lo mismo en contenidos y metodología a niños urbanos y rurales, a niños y a niñas, a indígenas y a ladinos, a niños empobrecidos y a otros con mejores condiciones económicas, a niñez trabajadora y a aquellos que sólo se dedican a estudiar, a niñez con discapacidades y a la que no las tiene (y si las posee son menos limitantes)?

Esta diversidad de la niñez guatemalteca, además, implica una alta capacidad de sus maestros, docentes y catedráticos.

En Guatemala se ha pretendido mejorar y optimizar la formación docente a través de convertir la formación magisterial en una carrera de nivel universitario, para supuestamente no quedarse atrás frente a otros países de la región, pero a expensas de cerrar la carrera magisterial del nivel medio y sin hacer el intento siquiera de mejorar la formación desde esas escuelas.

Éstas son valiosas porque durante años generaron promociones de maestros y pedagogos de altos valores como Carlos González Orellana, Carlos Aldana Mendoza, Marlen Grajeda o Francisco Cabrera, que ciertamente fortalecieron su preparación académica en la universidad; pero no sin haber egresado de escuelas públicas o privadas de formación. Esto les posibilitó ejercer como excelentes maestros a lo largo de sus vidas.

La universidad estatal ha puesto de manifiesto que no tiene la capacidad para recibir a los estudiantes interesados en seguir la carrera magisterial (la Escuela de Formación de Profesores de Enseñanza Media –EFPEM- de la USAC hace los preparativos con esos fines), y las privadas manifiestan contar con dicha capacidad, pero a altísimos costos que los estudiantes no pueden pagar.

Todo lo anterior sucede en paralelo a que el Bachillerato con Orientación en Educación, recibió poquísimas inscripciones en 2014 porque su título no faculta ni acredita para trabajar como maestro o maestra.

En todo caso, lo que se espera es que los maestros además de ser fundamentalmente personas preparadas, tengan altos valores como la generosidad y la capacidad de escucha. Un maestro o maestra que se concibe a sí mismo como un distribuidor de contenidos o un repetidor de conceptos, y no como facilitador del conocimiento; tiene errado su camino y vocación.

Un maestro que no escucha no tiene capacidad de aprender de su principal maestro: el alumno.  

El proceso de facilitar el conocimiento se encamina a la principal acción de la educación: el cuestionamiento constante del ser empobrecido de la mayoría de niños y niñas de nuestra Guatemala de hoy, lo que convierte a la educación en una pedagogíaorientada a la permanente liberación de los estudiantes, moviéndolos a la transformación de sus individualidades, comunidades y del mundo en el que viven.

Por lo anterior, la educación es un derecho escasamente ejercitado. Esta es la razón por la que solamente es vida para aquellos niños y adolescentes que pertenecen al sector económico, político y social dominante que no le interesa ninguna transformación del mundo. 

Por esa razón la ciencia y la tecnología, que debieran contribuir a la liberación del ser humano; no es de acceso para los sectores rurales, indígenas, marginados y empobrecidos, ni para las niñas o las personas con discapacidades.

He aquí la verdadera intencionalidad para que en Guatemala se niegue y no se posibilite el acceso a la educación como un derecho de ciudadanos y ciudadanas que exigen su liberación permanente, y como un ejercicio de humanización.




MyrellaSaadeh      LABERINTO  

 
El nombre de esta columna es un lugar complejo, desde donde propongo hacer un recorrido por la situación de la niñez de Guatemala.

Laberinto pretende explorar rutas y caminos que nos lleven en varias direcciones y que nos den diferentes salidas para salir del punto muerto, del olvido en el que el sistema tiene sumergida a más de la mitad de la población guatemalteca: sus niños, niñas y adolescentes. 

Soy psicóloga, catedrática de la Facultad de Humanidades de la Universidad Rafael Landívar de Guatemala e investigadora, y soy directora de PAMI, una organización que promueve los derechos y la participación de la niñez y la adolescencia desde 1989.       








Foto: perfil de Facebook.                   

  
 




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