martes, 14 de junio de 2016

La dictadura de lo viejo y la cultura de lo nuevo

POR ERNESTO PACHECO 



En muchas sociedades antiguas se veía la sabiduría acumulada con los años como la cumbre a la que había que aspirar, y la juventud como la máxima para vivir. Hoy estamos lejos de eso. 

Guatemala, el país de los eternos viejos conceptos, conservador hasta la raíz, no porque yo lo diga, sino porque lo podemos ver sólo con dar una vuelta de turista a nuestra realidad. Vemos recientemente el fortalecimiento de la actividad del Ejército (a)nacional regalando escritorios en las escuelas públicas,  como diciendo: “bienvenidos xavos a la tropa, este es su futuro, su karma, su destino…”, sin percatarnos que la estrategia es la doctrina principal del Ejército: servir para servirse y de paso lavar la cara de una institución que en este caso está podrida hasta la médula...

Foto: Ernesto Pacheco

¿Y por qué hablar del Ejército cuando tengo que hablar de cultura? Parto de la frustración que supone trabajar para el lado opuesto del universo simbólico que nos ata (apenas) como sociedad, y es que el Ejército de Guatemala representa la vieja idea cultural de nación, sostenida por una élite, que de élite no tiene nada; un grupo de riquillos de larga guarda que se la pasan jugando con nuestras vidas como si de un mando de consola de videojuego de los 70s se tratase. Mientras que del otro lado del pensamiento, está la producción de ideas nuevas, los geeks de la tecnología, los artistas, los filósofos posmodernos o en presentación regular, un puñado de científicos y ciudadanos de a pie que son la vanguardia de las propuestas para gobernarnos desde las coyunturas actuales.

Estos personajes, generalmente, tienen algo en común, y es juventud. Como dijo aquel Lacan del siglo xx: “Mejor pues que renuncie quien no pueda unir a su horizonte la subjetividad de su época”. Yo no pretendo anclarme al marco biológico de la edad, sino al de la interpretación del mundo.

A todo, estoy contraponiendo el trabajo de la juventud en términos de acceso al mundo, y el de la vejez, en términos de “me vale madres lo que ustedes piensen, acá vamos a gobernar con todo el rigor de la gerontocracia”, haciendo evidente el orgullo de algunos por exhibir su obsoleta gama de ideas y desconocimiento de otros puntos de vista; a tal grado llegó esta situación, que es evidente que en ¡todos lados se habla de la vieja!, de esa política que no es vieja porque tenga la carne arrugada y los cabellos plateados, sino porque apesta a polvo, a dictaduras, a instituciones saqueadas, a inversiones torpes, justicia para pocos y riqueza para menos aún, justo cuando el mundo demanda justicia social, equidad, acceso, ideas innovadoras e instituciones modernas.

Esta relación de oposición juventud-vejez se puede ver en todas direcciones. Un ejemplo claro es Quetzaltenango, que en este momento está generando un proceso que evidencia este choque de puntos de vista, justo desde el epicentro del problema que es la cultura misma con la que se articula la sociedad guatemalteca. Quetzaltenango, con todo su aporte a la historia nacional, es actualmente el único municipio en Guatemala que cuenta con una política pública de cultura aprobada y ratificada por las últimas dos administraciones municipales. Esta propuesta se puso en la mesa con carácter de prioridad, ya que busca intervenir en factores fundamentales de la conducta de los habitantes del municipio. Por lo tanto, es un proyecto de inversión social, transformador y articulador de identidades que está en la espera de que se le tome muy en serio para poder ser ejecutada.

Las condiciones actuales de este proyecto son mínimas, ya que se encuentra de frente con el modelo gerontocrático de gestión municipal, en donde la obra gris prevalece sobre la obra social, y donde las ideas de modernización son una amenaza para los funcionarios que están acostumbrados desde el pensamiento de vejez a tener control de las cosas. Abrir las puertas de las instituciones a las ideas, a la tecnología, a la juventud, parece ser mucho para una sociedad que está sentada sobre los viejos modelos de gestión, porque la vieja política también es eso: el viejo control y el viejo entendimiento del mundo. 

La vieja política no se va a acabar si no cambiamos nuestro modo de entenderlo todo. Los jóvenes creativos de todas las edades están dando una luz del camino a tomar y, en lugar de abrirnos al diálogo, nos cerramos en nuestros miedos y le damos la espalda a una generación que puede provocar los cambios que necesitamos para tener un futuro como sociedad...

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Gestor y asesor de proyectos culturales. 


Asesor de Cultura del Municipio de Xelajú No'j (Quetzaltenango).


Aprendiz de brujo nacido en la década de los ochentas.


Aq'ab'al por destino y promotor de la educación alternativa.
Cree que es necesaria la construcción de grandes proyectos para el espíritu y aún ve viable al país en contra de todo pronóstico

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