sábado, 29 de agosto de 2015

Momo (o el libro del tiempo)



POR BÁRBARA BARRIENTOS 


Si nos tomamos un momento para realizar un inventario del tiempo a través de nuestra vida, nos daríamos cuenta que no tenemos idea de dónde están todos esos segundos que nos revela el resultado. Nuestra vida pasada se reduce a cero. 

¿Qué pasaría si pudiésemos guardar el tiempo en un banco; ese tiempo que utilizamos en cosas inútiles como dormir, leer, comer, ver por la ventana, conquistar a alguien, pensar, sonreír, tararear una canción?

Es esta la proposición de los hombres de gris en “MOMO O LA EXTRAÑA HISTORIA DE LOS LADRONES DEL TIEMPO Y LA NIÑA QUE DEVOLVIÓ EL TIEMPO A LOS HOMBRES”. 

Momo es un libro escrito por el alemán Michael Ende (1929-1995) en el año de 1973. Ende es más conocido por su libro La historia interminable (1979) que fue llevada al cine con el nombre La historia sin fin (1984). Este libro le dio la fama al autor, pero muchos críticos literarios consideran que Momo es en realidad su obra maestra. 

Michael Ende es un gran escritor de decenas de obras infantiles y juveniles, ensayos, poesía y teatro. Hijo del pintor surrealista Edgar Ende, de quien recibió su visión humanística y su sensibilidad artística. Toda su obra es de género fantástico y con su manera fluida de narrar y de enlazar escenas, hace que sea un verdadero placer leerle tanto para chicos como para grandes. 

Es importante ubicar a Ende en el contexto histórico: La Segunda Guerra Mundial. Ende vivió el mayor conflicto bélico de la historia huyendo de las órdenes de unirse a la milicia y utilizando su talento como mensajero para la organización antinazi “Frente Libre Bavariana” en plenos bombardeos. 

Este hombre, que atravesó la guerra y que vio la violencia en su máxima representación, es el mismo hombre soñador, positivo, fantasioso y valioso que llamó a su propia casa “Casa del unicornio”, que ilustraba sus propios libros y que dejó un legado artístico enorme; el que escribía con esperanza, el que ponía en tela de juicio esos aparatos que se empezaban a vislumbrar en la posguerra y que hoy en día serían nuestro pan diario. Un pensador que con gran creatividad diagnosticaba los problemas sociales venideros y que con humildad aprendía de los niños y lo transmitía a los adultos convirtiéndose, como lo fue en la guerra, en un mensajero. El mismo que mantuvo intacta su esencia hasta el 28 de agosto de 1995 cuando el cáncer arrebató su vida pero no su legado. 

Michael Ende / likesuccess.com



Momo es uno de los libros más humildes que he leído, y no solamente por los personajes y sus condiciones de vida, sino porque en cada capítulo el autor vierte una cantidad de reflexiones que solo podrían hablar de él mismo. 

Vale la pena mencionar que Michael Ende es otro de esos escritores que dejan huella en los lectores, no solo por su calidad de escritor, sino por su calidad humana que refleja en cada uno de sus libros. Prueba de esto es Carpeta de apuntes (1994), una recopilación de 104 reflexiones (cada una mejor que la otra). 

Considero que encajonar a Momo con la etiqueta de "libro infantil", es un verdadero error. Es este un libro que todo mundo debería leer sin importar la edad, ya que el mismo autor describe su obra como "libros para niños de 8 a 80 años". Su temática social, económica, su reflexión sobre la vida misma, incluso cómo aborda temas profundos con el uso de varios símbolos, o la forma en que está escrito, no solamente por su desarrollo sino porque el autor ha conseguido que sea una historia que se encuentre vigente en cualquier momento, hace que este libro sea imperdible.

Tal vez a cualquier adulto que lea Momo le parezca un libro que no aporta nada nuevo, que efectivamente es un libro infantil y que su fantasía metafísica, su carga moral y sencillez no son nada extraordinario. Yo me atrevo a rebatir estas críticas con palabras del mismo autor:

“Por supuesto que yo –como la mayoría de los hombres sensatos, siempre y hasta el día de hoy- creo en ángeles, demonios y en un universo espiritual, jerárquicamente ordenado, de inteligencias y seres de los más diversos géneros, lo hago porque estoy convencido de que el arte y la poesía de todos los tiempos y de todos los pueblos se acercan mucho más a la verdad que la triste imagen de la realidad de lo sólo-demostrable, una realidad que en el mundo de hoy pretende ser lo único cierto. Y si yo no tuviese cien otras razones que apoyasen esta convicción mía, me bastaría lo siguiente: que la imagen actual de lo sólo-demostrable, pese a su inmensa complejidad, es en el último término, pura y simplemente, aburridísima” (También es una razón, Carpeta de apuntes, 1994). 

Quizá para nosotros, los amantes de la fantasía y la ficción, nos parece más sencillo valorar el libro, pero es necesario recalcar que Momo esconde una fuerte crítica al capitalismo y al sistema en general. Una crítica que en su momento generó controversia. Michael Ende había escrito un libro infantil que hablaba del sistema que lamentablemente continuaría vigente y sólido casi medio siglo después.
    
La gran diferencia entre Ende y los otros escritores que abordaban los mismos temas en la misma época era que Ende lo hacía con la esperanza que le faltaba a los otros frente a tales acontecimientos. Esperanza que solo puede nacer en el imaginario de un ser especial que creía fielmente que la razón de todos los males era la pérdida de los valores humanos. Valores que desarrolla a través de esta historia.

favim.com

Momo es una niña de quien no se conoce su origen ni se conocerá jamás, y en realidad no importa. Su pequeña complexión hace que sea imposible determinar su edad pero ella resuelve el problema con una respuesta muy acertada: “Que yo recuerde, siempre he existido”. Su apariencia es desaliñada, su cabello negro y alborotado como quien nunca ha conocido un peine, sus ojos son enormes y tan negros como las plantas de sus pies. Su ropa son harapos enormes que no se molesta en ajustar porque está muy consciente que continuará creciendo. Momo tiene una virtud que no cualquiera posee: sabe escuchar. No, no escucha como escuchan todos, ella lo hace de una manera excepcional. 

«Eso no es nada especial, dirá quizás, algún lector; […] Pues eso es un error. […] Momo sabía escuchar de tal manera que a la gente tonta se le ocurrían de repente ideas muy inteligentes […] Sabía escuchar de tal manera que la gente perpleja o indecisa sabía muy bien, de repente, qué era lo que quería. O los tímidos se sentían de repente muy libres y valerosos. O los desgraciados y agobiados se volvían confiados y alegres. Y si alguien creía que su vida estaba perdida y que era insignificante […] y le contaba todo eso a la pequeña Momo, le resultaba claro de modo misterioso mientras hablaba, que tal vez había solo uno como él entre todos los hombres y que, por eso, era importante a su manera para el mundo. ¡Así sabía escuchar Momo! […] Algunas noches, cuando ya se habían ido a sus casas todos sus amigos, se quedaba sola en el gran círculo de piedra del viejo teatro sobre el que se alzaba la gran cúpula estrellada del cielo y escuchaba el enorme silencio. Entonces le parecía que estaba en el centro de una gran oreja que escuchaba el universo de estrellas. Y también que oía una música callada, muy impresionante, que le llegaba muy adentro, al alma. En esas noches solía soñar cosas especialmente hermosas. Y quien ahora siga creyendo que el escuchar no tiene nada de especial, que pruebe, a ver si sabe hacerlo tan bien».
 
Beppo Barrendero encuentra por casualidad a Momo en las ruinas del anfiteatro de una pequeña ciudad italiana, de la que no conocemos el nombre y tampoco importa. Desde del primer momento que Beppo la ve, queda prendado de su gracia e invita a todos a conocerla. La aceptan con cariño y le ofrecen su ayuda. Beppo es un hombre tranquilo que disfruta la vida a cada segundo, que no tiene prisa de nada.

Momo se adapta a la comunidad y desde su llegada las cosas cambian bastante. De pronto los ánimos cambian porque ya hay alguien que escucha esas cosas que todos necesitan contar y que nadie escuchaba antes, hay alguien que con solo mirar a los ojos cambia la perspectiva de las cosas, alguien que motiva a cambiar con sus palabras.

Momo es una niña creativa, imaginativa, sincera. Desde que llegó a la ciudad, los niños se reúnen a jugar con ella y en el abandonado anfiteatro ocurre toda clase de aventuras increíbles lideradas por la pequeña con falda fabricada de retazos. Gigi es un muchacho muy especial que se convierte en el mejor amigo de Momo: un cuentacuentos, un charlatán por naturaleza, simpático, atractivo y extrovertido. Es capaz de convencer a cualquiera de lo que sea, es básicamente un artista callejero que se gana la vida como guía turístico inventando historia increíbles sobre esa pequeña ciudad.

Un día cualquiera, un hombre de gris sorprende al peluquero entrando por la puerta, acabando con la paz que había y dando órdenes como si tuviese algún derecho. El tipo realiza una especie de inventario sobre el tiempo en la vida del peluquero, de todo ese tiempo que según él desperdicia en las pequeñas cosas de la vida. El peluquero termina aturdido y persuadido de que el tiempo es dinero y que no puede desperdiciarlo, y acepta la propuesta del hombre de gris de ahorrarlo en un banco y aprovechar el tiempo que queda al máximo, produciendo y produciendo. 

Esto es una completa estafa, claro está, pero ¿quiénes son los hombres de gris? El sistema, la industria, el consumismo, el capitalismo, nosotros mismos. En esta historia está representado por unos hombres que visten de gris y siempre fuman un puro. Son unos estafadores que viven del tiempo que le roban a las personas haciéndoles creer que es posible ahorrarlo en un banco. Pero entre más tiempo se ahorra menos tiempo se vive.

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Cada uno de los personajes de esta historia representa a una parte de nosotros mismos, a cada uno de los sectores de la sociedad frente al sistema en el que vivimos. Todo esto, más el dilema sobre uno de los inventos más polémicos de toda la historia: el tiempo. Intentar entender el tiempo ha sido un problema filosófico, científico y hasta espiritual que nunca se ha conseguido descifrar del todo y que por eso se ha inventado un método para medirlo como si eso fuese posible. 

Y es que podemos preguntarnos qué es el tiempo sin llegar a ninguna respuesta. El tiempo será eso que un reloj marca. El tiempo es el reloj mismo, el invento que el hombre hizo para fragmentar la vida en pequeños pedazos que por separado no son nada. Para todos es algo diferente, cada uno lo mide de la manera que desea, pero nadie puede ser objetivo porque el tiempo no existe. El tiempo es la vida. 

Parece como si cada día tuviésemos menos tiempo. Como si las horas fuesen más cortas y los días más pequeños; era eso exactamente lo que lograban los hombres de gris. Al momento en que las personas permitían que ellos entraran a sus vidas con sus ideas y les daban el tiempo para ahorrarlo, los hombres de gris tenían acceso a la “flor horaria” de cada persona y con sus pétalos formaban los puros que los mantenían vivos.  

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Momo repara en que cada uno de sus amigos está cambiando, que las cosas no son las mismas y se propone detener a los hombres de gris con la invitación que le hace una gran tortuga que escribe mensajes en su caparazón (Casiopea es su nombre, como la constelación). Casiopea la dirige en un viaje en el tiempo, donde descubrirá la forma de salvar a sus amigos. 

Tuve la dicha de leer Momo hace muchos años y es mi libro infantil favorito. Lo releí posteriormente y me percaté que había cambiado bastante. Ya no era el mismo libro de la niña despeinada y, Casiopea, quien le cambió el nombre a la tortuga que en esa época yo tenía como mascota (una linda coincidencia), de pronto me hacía pensar en nuevas cosas. Tengo la suerte de tener las dos visiones del libro: como niña y como adulta. Pero mi última relectura para escribir esta nota me hizo darme cuenta que al leerlo como adulta es muy sencillo identificarse y entender el mensaje, pero leerlo como niña es un acto de esperanza.

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Bárbara Barrientos          PÁGINA EN BLANCO 
 

Estudiante de Comunicación de la USAC. Amante de las palabras y la ficción. A veces triste, a veces muerta de risa. A veces mala.

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