miércoles, 3 de agosto de 2016

Mendel Samayoa, un camaleón desenfadado

POR DULCINEA GRAMAJO 



Mendel Samayoa es un artista polifacético. Arquitecto de profesión, ha experimentando con un amplio abanico de las artes como el cine, el teatro, la fotografía y la pintura, esta última, como él mismo lo manifiesta, es su faceta más personal, más introspectiva, un ritual frente a un lienzo en blanco en donde surge la musa que lo desnuda, que lo exorciza, que lo libera. Aquí declara sus emociones y pasiones más profundas, a través de trazos y colores. Es un gesto de honestidad a partir de la trasmutación de la realidad... 

Mendel Samayoa en su estudio en 2003. Foto del artista en su Facebook

Según Mendel, su visión artística se inclina particularmente al movimiento surrealista iniciado por grandes maestros como André Breton en la literatura, Salvador Dalí en la pintura o Luis Buñuel en el cine. Este movimiento, como el mismo Breton lo especifica en el primer Manifiesto surrealista (1924), es básicamente “un dictado del pensamiento, sin la intervención reguladora de la razón, ajeno a toda preocupación estética o moral”.

Dos obras pictóricas de su exposición Relatos asimétricos, llamaron particularmente mi atención. La primera fue “Coraje”, en donde se aprecian mujeres con coloridos perrajes que instantáneamente me hicieron recordar el juicio por violencia sexual, sufrida por mujeres en el destacamento militar de Sepur Zarco, en donde varias mujeres indígenas se presentaron a declarar las infamias y atrocidades sufridas durante el conflicto armado interno por la fuerza militar, y armadas con una de las pocas cosas que no les pudieron arrebatar: su dignidad… 


“Coraje”/40”x59”/óleo sobre tela

La segunda fue “Testigo”, que al instante la asocié con la película “La ventana indiscreta” de Alfred Hitchcock, pero luego, al contemplarla un poco más, me invadió  un sentimiento de soledad, de desesperanza, una sensación de aislamiento y de mutismo. Individuos desencajados, parecidos a los que describe José Saramago en su novela Ensayo sobre la ceguera (1995), internados en cuarentena, ciegos enfrentándose a lo más primitivo de la naturaleza humana… 


“Testigo”/27”x36”/ óleo sobre tela

Tuve la oportunidad de conversar y hacerle algunas preguntas a Mendel Samayoa acerca de su obra y el arte en general. Estas fueron sus respuestas:

DG: En un mundo en donde lo subjetivo se ha apoderado del arte, ¿cuál debe ser la posición del artista al respecto?

MS: El artista, a veces, es solamente un intermediario entre su corazón y las emociones del observador, el mensajero. Otras veces, es un soliloquio entre su alma, su corazón y su oficio. La posición del artista es verse, ver lo que tiene dentro y abrirlo. Dejarse conmover y ser lo suficientemente corajudo para transmitirlo tal cual lo percibe, con la menor cantidad de filtros o poses posible (es muy complejo que sean cero), sin explicaciones ni ideas preconcebidas. Un sentimiento puro, puramente transmitido, es mucho más grande que una idea, por pura que sea... 

DG: En tu experiencia como artista, ¿piensas que una obra de arte se debe explicar o se explica a sí misma?

MS: Mi experiencia es visual, está bastante alejada de las explicaciones, de los discursos y las instrucciones o panfletos para disfrutarle. Entiendo que entre más explicaciones necesite cualquier gesto, se aleja un poco más del lenguaje puro entre los sentimientos. Por supuesto que se puede conmover desde las ideas, pero siempre será más directo desde el sentir, sin el filtro del pensar, como la poesía.

DG: Charles Baudelaire, decía: "lo bello es siempre raro. Lo que no es ligeramente deforme presenta un aspecto inservible". Como artista, ¿qué valor le das a esta afirmación del poeta parisino?

MS: Mi personalidad siempre se ha inclinado a preferir lo rústico a lo pulido, lo imperfectamente conmovedor a lo nítidamente espectacular. Prefiero lo que presenta las cicatrices de una enorme batalla a lo recién estrenado. Me conmueve lo áspero, lo melancólico, lo desgastado y lo incompleto ante la nitidez de la materia enciliconada de lo novedoso. Aunque no comulgo con lo descuidado, menos con lo vulgarmente mediocre o sucio. Hay una enorme distancia y se aprende a percibirla. Quiero contribuir a la emancipación del alma, donde la tecnología aún no ha llegado, a lo hecho con las manos, lo bien hecho con esos pequeños detalles que se perciben humanos.

La exposición Relatos asimétricos estará en el Palacio Nacional de la Cultura, del 28 de julio al 28 de agosto. Es una excelente oportunidad para sumergirse en un universo asimétrico y surreal, en donde el sentimiento y lo imperfectamente bello, triunfa sobre la razón…  


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Dulcinea Gramajo      LA BUTACA DE TERCIOPELO  

Cinéfila, coleccionista de palabras. Una chica Almodóvar: Un poco lista, un poquitin boba…


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martes, 2 de agosto de 2016

Neverest (o los farsantes del montañismo)

POR CHRISTIAN RODRÍGUEZ 



“Éxito, es una palabra que en las montañas no significa nada”, dijo George Mallory, aquel montañista y escalador que participó en los tres primeros intentos por alcanzar la cumbre del Everest, siendo la última en 1924 en la que desaparecería a más de 8,000 metros de altitud, dejando la duda si ocurrió bajando de la cumbre o yendo hacia ella. 

Pasaron casi 30 años para que se confirmara el primer ascenso. Edmund Hillary y Tenzing Norgay pisaron por primera vez la cima de tan emblemática y sagrada montaña. Sus primeras y románticas palabras describían su proeza: “Noqueamos al bastardo”.

Muchas expediciones le siguieron, pero pocas merecían una mención como el ascenso de, quizás, el mejor alpinista de todos los tiempos, Reinhold Messner, que en 1980 escaló el Everest en tan sólo 3 días, sin ayuda de sherpas, ni cuerdas fijas, tampoco usó tanques de oxígeno y ya ni mencionar el equipo tan rudimentario que se usaba en esa época... 

Hillary y Tenzing, en la embajada británica en Katmandú el 26 de junio de 1953, tras lograr su hazaña (GTRES). Foto: 20minutos.es

Reinhold Messner era muy realista al decir: “Escalar montañas era y es peligroso. Sólo un estúpido puede ascender a las cumbres más altas de la Tierra y pensar que en modo alguno no puede morir en el intento”. 

Pero pronto, la montaña comenzó a ser invadida por empresas comerciales que por una buena cantidad de dinero subían a cualquier persona que pudiera pagárselo, fuera o no montañista. La montaña se equipa con cuerdas fijas hasta la cumbre y se hacen escalones para que los clientes no resbalen. Los campos bases ahora son auténticos mercados en donde se puede comprar, desde mochilas, tanques de oxígeno, drogas y hasta servicio de prostitutas, como lo han denunciado varios montañistas a quienes les han ofrecido incluso los servicios sexuales de menores de edad en pleno campo base. 

Más de 7 mil personas han subido el Everest a la fecha, pero como nadie se acuerda de los segundos, ni de los terceros, todas intentan proclamarse la “primera persona” en subir de alguna manera a su cima: primera en subir por otro lado, en subir dos veces, en hacer cima siendo ciego, zurdo, calvo, que no tenía pies; el primero en tirar una bola de golf, esquiar o hacer un tuit… y hasta el primero que se desnudó en el “techo del mundo”. 

Así se fueron ocupando todos los “primeros” y no tardaron en inventarse ese gran prodigio de haber nacido en un lugar en particular, y comenzaron las “primeras ascensiones por cada nacionalidad”, como si eso fuera algo relevante. 

Es, en este punto, donde inicia la historia de los centroamericanos en el Everest, cuando la élite del montañismo mundial ya había dejado de interesarse por esa montaña a la que se referían como “el circo”.


500 personas hacen cumbre en un solo día en el Monte Everest 

De los más de 7 mil ascensos, han sido sólo 6 personas centroamericanas quienes han hecho cumbre hasta el momento, y es lógico que sean pocos porque la gran mayoría de centroamericanos tienen pocos recursos económicos y no es normal que la gente pueda pagarse esos paquetes turísticos que rondan entre los 60 y 130 mil dólares.

Centroamericanos como Michael Morales de Panamá, Warner Rojas de Costa Rica y cuatro guatemaltecos más han pisado su cima, el más conocido, sin duda alguna, es Jaime Viñals, que logró la cumbre luego de 2 intentos fallidos y, aunque finalmente llegó a la cima por sus propios pies, lo tuvieron que bajar cargado porque estaba a punto de morirse cerca de la cima. Pequeño detalle que Viñals omitió en su primer reporte al Everest News, que compila los pormenores de todas y cada una de las expediciones a esa montaña. Pero sus rescatadores Chris Warner y Eric Simons, en sus reportes oficiales a Everest News (CW01 y CW2), pidieron públicamente a Viñals que al menos reconociera que, no sólo había sido rescatado de una muerte segura, sino que también había puesto en peligro a otros escaladores y que, además, para su rescate, se tuvo que cancelar una expedición científica que buscaba los restos de George Mallory, hecho que quedó registrado en el documental “Found on Everest: Detectives on the Roof of the World”. 

Finalmente, Viñals dio gracias a sus rescatadores, aunque minimizó lo sucedido, y en más de alguna charla a las que he asistido, le he escuchado contar una versión totalmente distorsionada en la que él aparece como héroe, contrariamente a lo que dicen los reportes oficiales de Everest News.   

El segundo guatemalteco en el Everest, no fue un montañista propiamente dicho. Francisco Arredondo, un experimentado corredor de rally de motocross que, a diferencia de Viñals, sí bajó con sus propios pies y con más energía y, ya terminando el descenso, agarró su motocicleta y se fue a participar en el Rally Transoriental de más de 10 mil kilómetros en China. Pero le pasó eso de los segundos y los terceros… y ya nadie se acuerda de él. 

Luego, vinieron Andrea Cardona y Bárbara Padilla, que han ascendido la montaña en épocas en donde la logística tiene que ver más con los peligros de las aglomeración de personas que con destrezas puramente alpinísticas. Sin embargo, hay que destacar de Cardona que en muy poco tiempo ha alcanzado ascender las 7 cumbres más altas del planeta (una por continente), llegó a ambos polos y también ha ascendido montañas técnicamente superiores al Everest con lo cual, me atrevo a decir, es la alpinista que cuenta con los mejores resultados, teniendo en cuenta su hasta ahora corta pero prolífica carrera... 


En la cima del Everest: Michael Morales, Warner Rojas y Andrea Cardona 

Pero hay algo que no me gusta de estos nuevos “Everesters”. Y es que en ellos no se escuchan esas frases hirientes, crudas y llenas de realismo de los montañistas de élite en las que dejan claro que las grandes montañas son ambientes duros, en donde las cosas se pueden poner mal en cualquier momento. 

Todo lo contrario, las frases de estos contemporáneos montañistas se difunden a través de charlas de motivación con palabras edulcoradas y empalagosas, tan trilladas y cansinas como: “Todos tenemos nuestro propio Everest”, “cero excusas”, "el límite para alcanzar nuestras metas está dentro de nosotros mismos", o esa otra que les encanta y que reza así: “tienes que salir de tu zona de confort”, como si la mayoría de centroamericanos vivieran confortablemente entre la pobreza, la falta de oportunidades, los trabajos en semiesclavitud y la violencia en general. ¿De qué confort están hablando? ¿Le podrán decir eso mismo a quienes viven en la montaña? A esos campesinos que su único confort es comerse un par de tortillas con sal después de haber subido montañas para trabajar la tierra y cargar leña. 

En esas charlas, dirigidas siempre a citadinos que jamás han pisado la hierba, abundan esas frases que sólo pueden motivar e inspirar a las personas clasemedieras que jamás han leído un libro o, como mucho, sólo han leído frases de motivación de Og Mandino o Paulo Coelho. 

Y es que eso de la “motivación” a través de la montaña, ha calado fuerte en el mercantilismo de las montañas y en las personas ávidas por alcanzar el éxito a toda costa. Y de repente se comienzan a ver cada vez más hordas de personas buscando cimas, menospreciándolas y faltándoles el mínimo respeto llenándolas de basura. Porque lo único que les interesa es tener sus selfies en las cumbres como trofeos, que luego comparten en las redes sociales junto a esas frases de superación personal. De eso se están aprovechando las incontables nuevas empresitas de aventura que, sin tener experiencia y mucho menos formación en temas de montañismo, ofrecen viajes a montañas complicadas, “sus propios Everest”, como lo pueden ser Acatenango, Santiaguito y Tajumulco, volcanes en los que hasta expertos en el tema han sufrido accidentes o incluso han perdido la vida.

Hace tan sólo un par de semanas, se accidentó otro “montañista”, estuvo desaparecido varios días y lo encontraron con una lesión en la cabeza. La empresa, que hasta el momento únicamente organizaba viajes a playas, lagunas y otros balnearios, de repente se animó a llevar a sus clientes al volcán Tajumulco, ¡el más alto de Centroamérica! ¿Se puede ser tan irresponsable? 

Ya hay varias versiones de lo ocurrido, pero todas coinciden en la irresponsabilidad de la empresa al abandonar a un cliente, que sabían que se movía lento en la montaña, que sabían que era su primera vez y que dejaron que se fuera sólo a otra cumbre, por otra ruta y al ver que no regresaba decidieron desmontar el campamento y descender. También hay que reconocer la irresponsabilidad del cliente que, seguramente energizado con esas frases de superación, se separó del grupo e intentó hacer la cumbre más alta de Centroamérica sin tan siquiera una mochila con el mínimo de equipamiento. Vamos, que no llevaba ni siquiera algo para beber. 

Todas las personas están capacitadas para ascender montañas, pero si vamos con esa idea tan vendible de “superarte a ti mismo subiendo tu propio Everest sin poner excusas”, estamos comenzando muy mal. 

Tenemos mucho que aprender de nuestros vecinos montañistas mexicanos que, al estar acostumbrados a las altas montañas, saben que el Everest no es un juego. Con más de 40 ascensos, los mexicanos lo tienen muy claro, de sus bocas no salen frases de motivación sino todo lo contrario: “Para un alpinista profesional, en estos tiempos, querer subir al Everest, sólo demuestra mediocridad”, dice Elsa Ávila, primera mujer latinoamericana en escalar una montaña de más de ocho mil metros (Shisha Pangma, 8,046m en 1987), y primera mujer latinoamericana en subir el Everest en 1999, entre otras primeras ascensiones a montañas de todo el mundo. “En el mundo normal, quien no es realista se frustra, y en la montaña se mata… Ningún alpinista de verdad sueña con el Everest”, dice Carlos Carsolio, cuarta persona en haber ascendido los 14 ochomiles sin utilizar oxígeno suplementario, convirtiéndose en la persona más joven en lograrlo con 33 años, 4 de esos ochomiles los ascendió en solitario.

Maltiox chäwe... 

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Christian Rodríguez      DE SIMAS Y CIMAS 

 

Nací en 1976. Crecí en la zona 18.
Para escapar me fui a probar suerte a las montañas (más de 400 ascendidas en Europa, África y América). Soy guía de montaña titulado en Europa, conferencista, galardonado escritor y fotógrafo. Presidente de Entreamigos-Lagun Artean. Migré a tierras vascas (2009) siguiendo el amor 

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