miércoles, 8 de junio de 2016

Trata para explotación sexual de niñez y adolescencia: ¿y el cliente?

POR MYRELLA SAADEH 



El fenómeno de la trata para fines sexuales y comerciales es tan antiguo como el sistema patriarcal mismo. Uno de los pilares para que funcione es la idea de que las mujeres no son dueñas de sí mismas y de sus cuerpos, los cuales pueden ser comprados y vendidos, usados para cualquier fin, incluyendo actividades sexuales comerciales: la prostitución y el uso de las mujeres para la pornografía (videos, fotografías y actuaciones, entre las más comunes). Pero, ¿y el cliente?

swissinfo.ch

Actualmente, en el mundo existe una amplia discusión sobre la legalidad de estos fenómenos que únicamente se consideran delito cuando implican trata y explotación sexual comercial de personas menores de edad. En Guatemala, en el año 2009, la Ley contra la violencia sexual, explotación y trata de personas fue creada con el objetivo de prevenir, reprimir, sancionar y erradicar la violencia sexual, la explotación y la trata de personas, y para la atención y protección de sus víctimas y resarcir los daños y perjuicios ocasionados.

Los delitos que la Ley establece y que han motivado la modificación del Código Penal guatemalteco son: promoción, facilitación o favorecimiento de la prostitución, actividades sexuales remuneradas con personas menores de edad, utilización de actividades turísticas para la explotación sexual comercial de personas menores de edad, producción, comercialización o difusión de pornografía de personas menores de edad, posesión de material pornográfico de personas menores de edad, trata de personas y remuneración por trata de personas. En general, se plantea penas de prisión entre 3 y 10 años y multas entre Q50 mil y Q100 mil. Cuando se trata de personas menores de edad, el aumento de la pena en dos terceras partes y hasta tres cuartas partes, o cuando el delito supone otras circunstancias o consecuencias tales como la violencia, discapacidad de la víctima, embarazos, entre otras.

En los delitos de trata y relacionados con la explotación sexual comercial a niñas, niños y adolescentes se distinguen tres actores: el proxeneta, el cliente y la niñez víctima. La mayoría de estudios describen la dinámica y hacen un abordaje como fenómeno cuantitativo (números y porcentajes de niños y niñas, de delitos tipificados, de casos procesados por el Organismo Judicial, de sentencias y medidas dictadas), pero usualmente pasa inadvertido el tercer actor, ese que es quien mueve y genera que exista dicha aberración: el que paga. El cliente.

El cliente, usualmente varón, es el eternamente invisible. El que históricamente se le ha ocultado, en gran parte porque hasta hace poco tiempo en Guatemala la trata y las violencias sexuales que implican la comercialización del cuerpo y la vida de las niñas, niños y adolescentes fueron tipificadas como delito, pero también porque aunque se le visibilice, no se le persigue penalmente ni se le deduce responsabilidades.

A pesar de los cambios positivos que supone la Ley, se continúa visibilizando y penalizando a los proxenetas y, hasta hace poco tiempo, a las personas menores de edad, en muchos casos doblemente victimizadas por las propias autoridades que, en su detención y traslado, las utilizaban sexualmente. Sin embargo, el cliente sigue quedando ocultado y a veces hasta excusado socialmente.

La familia impulsa tradicionalmente la “educación sexual” del varón permitiendo que tenga relaciones sexuales pagadas con una mujer en situación de prostitución, quien le enseñará cómo iniciar y mejorar su desempeño sexual. De ahí en adelante, queda eximido de responsabilidad por utilizar el cuerpo de las mujeres y pagar por sus servicios sexuales, haciéndolo sin ningún reparo o limitación y sin importar la edad de las mujeres.

Además del sistema patriarcal, hay otra explicación para que se den estos delitos: está relacionado con el modelo económico imperante y la ley de la oferta y la demanda establecida para determinar precios en el mercado. Al cuerpo de las niñas, niños y adolescentes, en tanto objeto a comercializar, se le aplica esta ley en similares condiciones a las económicas: a mayor demanda de los clientes que quieren pagar por sus servicios sexuales, mayor oferta se genera para su explotación sexual comercial. Es el cliente el que mueve el negocio millonario en Guatemala, el cual, según estudio reciente de CICIG-UNICEF, genera ganancias anuales por Q12 mil 300 millones, lo que representa el 2.7% del PIB. Más que el presupuesto destinado a la educación.

En el mencionado estudio se han estimado más de 48,000 víctimas menores de edad y cada una atendiendo a 20 clientes diarios. Entonces, ¿de cuántos clientes estamos hablando?, ¿cuál es la sentencia legal y moral de parte de las autoridades y de la sociedad? Se puede concluir que ninguna, ya que de los tres actores intervinientes, el cliente, el gran  promotor de estos delitos, es el gran ausente… 

::::::
Myrella Saadeh      LABERINTO 

El nombre de esta columna es complejo, desde donde propongo hacer un recorrido por la situación de la niñez de Guatemala. Soy psicóloga, catedrática de la Facultad de Humanidades de la Universidad Rafael Landívar e investigadora, y soy directora de PAMI. Una organización que promueve los derechos y la participación de la niñez y adolescencia desde 1989

El cumplimiento de los Derechos de la Niñez nos interesa a todos. Síguenos en Facebook  

 

 

Sí. El cumplimiento de los Derechos de la Niñez nos interesa a todos. Síguenos en Facebook   

 

 

¿YA CONOCES LA NOVELA DEL CREADOR DE ASUNTOS INCONCLUSOS PUBLICADA EN MIAMI? Es la primera novela de nuestra crisis política (basada en nuestras entrevistas con destacados personajes públicos). Lee la sinopsis y dónde comprar aquí.  

 

martes, 7 de junio de 2016

¿Refundación del Estado o revolución?

POR MARCELO COLUSSI 



Algunos años atrás se hablaba de lucha de clases. Hoy, de democracia. Para aquella época (unas dos o tres décadas atrás) se hablaba de poder popular. Hoy se habla de participación ciudadana. Años atrás se hablaba de Marx, con x al final, ahora se habla de Marc’s (métodos alternativos de resolución de conflictos). Antes se hablaba de revolución. ¿Ahora se habla de refundación del Estado?

#25A

La derecha política se ha ido apropiando paulatinamente de lo que años atrás era el discurso de la izquierda. Eso es gatopardismo: cambiar algo para que no cambie nada. Hoy, abiertamente y sin ningún temor, los organismos financieros internacionales como el Banco Mundial o el Fondo Monetario Internacional pueden denunciar la situación económica del mundo y hablar de lucha contra la pobreza. Eso puede parecer loable pero, ¡cuidado! Luchar contra la pobreza no es lo mismo que luchar contra la injusticia, contra las verdaderas causas que producen la pobreza.

En ese orden de cosas, hoy día en Guatemala comenzó a hablarse (demasiado insistentemente quizá) de “refundación del Estado”. Ante todo, como punto mínimo, partamos por definir qué es eso del “Estado”. Y ahí sigue siendo absolutamente válida la definición dada por Vladimir Ilich Ulianov (Lenin) en 1917 en su texto “El Estado y la revolución”: “Producto del carácter irreconciliable de las contradicciones de clase”. En otros términos: es el aparato que sirve para mantener la dominación de clase.

En cualquier parte del mundo, y en Guatemala en particular, podrá discutirse mucho sobre el carácter del Estado imperante. Pero en cualquier parte se repite siempre la misma función: el Estado es el garante de la explotación de una clase sobre otra. Para eso está, no para otra cosa. La provisión de servicios básicos es su responsabilidad y a veces (en el Norte próspero) eso se cumple. En el Sur (y tomemos el caso de Guatemala) eso es una quimera. En el Norte, los Estados tienen hasta un 60% de recaudación fiscal sobre el producto interno bruto. En el país centroamericano, no llega al 10%. ¿Cómo podría funcionar así ese Estado?

En otros términos: los Estados de los países pobres (la abrumadora mayoría del mundo) a duras penas brindan algún servicio, pero están siempre listos para mantener los privilegios de las clases dominantes (léase: reprimir la protesta popular). En Guatemala (típico banana country, plagado históricamente de dictaduras militares y corrupción, con una oligarquía extremadamente rica sobre la base de una población extremadamente pobre), el Estado estuvo ausente de la solución de los problemas básicos; Estado racista, centrado en la defensa de la agroexportación, de espaldas a la población indígena, sin la más mínima presencia en buena parte del territorio nacional (falta de escuelas, de centros de salud, de caminos, de planes de contingencia ante eventos naturales), no falló al momento de reprimir brutalmente durante la guerra interna. En otras palabras: no es un Estado fallido (término puesto de moda recientemente). Es un Estado ausente, que sólo sirve para mantener inalterables las contradicciones de clase, los privilegios.

Poblaciones indígenas del Altiplano (pueblos originarios, pueblos mayas), eternamente sojuzgadas y olvidadas, quizá nunca conocieron un médico del Ministerio de Salud, pero sí tuvieron presencia del ejército cuando la clase dominante (y Washington) vio una amenaza seria con el auge de las luchas populares y los movimientos guerrilleros en décadas pasadas. Allí sí funcionó el Estado (la guerra, sin dudas, no la ganó el campo popular). Ese es el Estado que existe en Guatemala...
 
Javier Zepeda, director ejecutivo de la Cámara de Industria de Guatemala (izquierda), Otto Pérez Molina, candidato a la Presidencia por el Partido Patriota, y Andrés Castillo, presidente de la Cámara de Industria de Guatemala, en el foro “CIG Propone Una Agenda Para Progresar Más y Mejor” del 26 de octubre de 2011 durante la campaña electoral, donde Pérez dio a conocer la agenda de industria de su gobierno ante grandes empresarios. Foto y fuente: Cámara de Industria de Guatemala  

¿Refundarlo? ¿Cómo?, ¿para qué?

Refundarlo significaría algo así como empezarlo de nuevo. Pero ello no es posible, a no ser que haya un verdadero cambio en las relaciones de fuerzas de las clases sociales que caen bajo el paraguas de ese Estado, cosa que no ha sucedido.

Para ejemplificarlo: terminaron los 36 años de guerra interna con un verdadero holocausto, con una cauda de muertos, desaparecidos y dañados única en todo el continente. Sobre la finalización de ese enfrentamiento armado se firman los Acuerdos de Paz, que en los papeles pueden mostrar la aspiración de una sociedad más justa y equilibrada. Ahora bien: esa firma fue una derrota encubierta para el movimiento revolucionario (¿disfrazada de relativo triunfo en los Acuerdos de Paz?). 20 años después de la misma, las cosas siguen prácticamente igual a como estaban antes del inicio de la guerra: 60% de la población bajo el límite de la pobreza, la oligarquía con su mismo beneficio de siempre, los pueblos originarios excluidos y el Estado (salvo algunas cosméticas pinceladas de modernización) sigue tan alejado de las soluciones de la población como lo fue en toda su historia. ¿Por qué no se pudieron hacer cumplir los Acuerdos de Paz (hoy día, más recuerdos que otra cosa)? Porque el campo popular y el movimiento revolucionario no tienen la fuerza suficiente para llevar a la práctica lo estampado en un papel. Es una simple (o complicadísima) cuestión de poder: ¿quién lo detenta realmente? ¿A quién representa el Estado? Al campo popular, definitivamente no.

Para ejemplificarlo: terminó la guerra y no hay ningún responsable de tamaño latrocinio. La impunidad sigue inalterable. El juicio al que fue sometido el ícono máximo de esas masacres, el general Ríos Montt, de donde salió una condena por delitos de lesa humanidad que fijaron una pena de 80 años de cárcel inconmutables, quedó anulado, y el referido militar solo una noche pasó en una prisión castrense. Una guerra monstruosa que dejó heridas psicológicas para varias generaciones, viudas, huérfanos, gente que lo perdió todo, prácticamente no tuvo por parte del Estado ninguna respuesta, dejando la reparación de tanto desastre en manos de la sociedad civil organizada, en ONG’s.

En síntesis: el Estado actual, corrupto e ineficiente, es el mismo que viene manteniéndose desde la “independencia”. ¿Su refundación podría significar un cambio real en las relaciones de poder? ¿Quién garantizaría los cambios, con qué poder efectivo?

Como decíamos más arriba: hoy día pareciera que la derecha se apropia del discurso de la izquierda. Hablar de “refundar el Estado” puede parecer incluso algo progresista. Pero cuidado con los espejismos: ¿con qué poder real ejercer los cambios que las grandes mayorías (indígenas en lo fundamental) necesitan? Si en estos momentos, hasta un personaje de la derecha como el expresidente Serrano Elías (junto a militares que formaron parte de la represión), puede hablar de refundación, como mínimo eso huele raro. O, al menos, como no confiable para el campo popular.

¿Con qué fuerza real cuentan el campo popular y las propuestas de izquierda para imponer una nueva agenda al Estado tradicional? ¿Con las movilizaciones urbanas del 2015? “El poder nace del fusil”, decía Mao Tse Tung, como metáfora para explicar que los cambios reales necesitan un poder fáctico real, tangible, contundente, con lo que cambiar el curso de las cosas. Las declaraciones (tal como pudiera ser esto de la refundación), difícilmente alcancen.

Si se quiere cambiar algo en términos político-sociales, habrá que pensar en cambios reales en la correlación de fuerzas, en las relaciones de poder. Para instaurar el actual sistema capitalista liderado por la burguesía, en 1789, Francia marcó el camino: fue necesario cortarle la cabeza (figurada y literalmente) a los monarcas de turno, expresión de la sociedad feudal. No se refundó ningún Estado: se hizo una revolución y se instauró algo nuevo. Para cambiar algo realmente hay que hacer eso: destruir lo viejo y construir algo nuevo. Si lamentablemente se debe apelar a la violencia, parece que no hay otra salida (“La violencia es la partera de la historia”, dijo un decimonónico pensador).

¿Habrá que “refundar” o habrá que cortar de cuajo algo para que empiece una sociedad nueva?

::::::
Marcelo Colussi     PLATIQUEMOS UN RATO

Argentina (1956). Estudió Psicología y Filosofía. Vivió en varios países latinoamericanos y desde hace 20 años radica en Guatemala. Investigador social, psicoanalista y además escribe relatos, con varios libros publicados. Foto: aporrea.org

El cumplimiento de los Derechos de la Niñez nos interesa a todos. Síguenos en Facebook  

 

 


Sí. El cumplimiento de los Derechos de la Niñez nos interesa a todos. Síguenos en Facebook   


¿YA CONOCES LA NOVELA DEL CREADOR DE ASUNTOS INCONCLUSOS PUBLICADA EN MIAMI? Es la primera novela de nuestra crisis política (basada en nuestras entrevistas con destacados personajes públicos). Lee la sinopsis y dónde comprar aquí.  

jueves, 2 de junio de 2016

Sumar en un país de analfabetas

POR ARMANDO RIVERA 



La semana que recién terminó, fue otra vez caótica para la sociedad guatemalteca. Nada parece tener sentido y caminamos al colapso total como país. Pero entre los hechos que se destacaron por su maldad, resulta que las redes sociales hicieron viral una noticia donde una joven (quien participa en un programa de televisión abierta) no logró hacer una operación matemática con tres variables y fue el hazmerreír para el público usuario de redes. 

Foto: Plaza Pública
Las reacciones contra la jovencita en cuestión fueron perversas, malintencionadas y con una carga de misoginia increíble. Entre los comentarios despectivos, me sorprendió cómo otras mujeres, supuestamente ilustradas, se burlaban de una forma malvada sólo por el hecho de ser mujer. Esos comentarios me confirmaron por qué algunos machos tienen esa actitud violenta contra toda sociedad y (en particular) contra las mujeres. Es decir, tenemos como referencia en el inconsciente colectivo el patriarcado como forma de comprender el mundo. El patriarcado es la ideología de violencia por definición a lo largo de la historia humana. Todo se resuelve por el garrote.

Sin embargo, mi reflexión se orienta a que esta jovencita representa la punta, el personaje tipo de una sociedad que se despilfarra en lo vulgar, y no porque ella sea en particular ordinaria (no se malinterprete mi posición). Lo que expresa con ahínco este programa y las reacciones en las redes sociales es una sociedad enferma emocionalmente. Una sociedad con índices casi esquizofrénicos en su comportamiento. Pero estas reacciones enfermas no son el acto malvado de una deidad o de un dios chiquito o grande. No, querido lector. No lo son. 

Esta sociedad es el diseño de un grupo de ideólogos, quienes se afanan en la teoría del arribista y dejan una destrucción indescriptible a su paso. Ideólogos, incluso, no locales, quienes orientan los medios de comunicación masiva para crear programas de televisión como el referido. Programas con una carga de estupidización absoluta donde no importa nada, tal vez derribar al contrario como es la apuesta de este show, donde los productores crean momentos para ridiculizar a sus participantes y toda la sociedad, incluso quienes nunca hemos visto el programa, se pronuncie en algún sentido. Es decir, usar a esta joven ridiculizándola es una acción de mercadeo para el programa, donde una percepción machista se anuncia y que se puede traducir: “si eres mujer y bonita dentro del canon impuesto, debes ser estúpida”. Ideólogos perversos que no tienen respeto por la dignidad humana. 

Al final, nuestro país, como buena parte de la sociedad humana alrededor del mundo, se ha convertido en un espacio distópico. Sociedades donde el modelo (en apariencia) tiene cierto confort material, pero invertimos el tiempo en banalidades. Nos empujan a no tener pensamiento crítico, creer que la educación es una falacia y el arte un ejercicio de pereza o vagancia. Donde el analfabetismo (total o funcional) es la forma integral de las sociedades y la matemática un desperdicio de tiempo. 

Desde mi posición crítica, tengo que reconocer que estos ideólogos son eficientes. Se basan en las necesidades primarias de las personas y crean vectores sociales de diversión a través del consumo. “Lo efímero es lo significativo y el ayer es un recurso sin importancia, el futuro es algo impredecible, así que vive el momento”. La frase anterior, debidamente parodiada, es la filosofía que nos han hecho creer como nuestra. Entonces, como conclusión, vamos como borregos mansos al matadero del tiempo, a un precipicio que se anuncia por los ladridos del chacal, y por eso sumar no es importante en un país de analfabetos. ¿Tendremos absolución?

::::::
Armando Rivera               INSTANTÁNEAS ILUSTRADAS A COLOR  

Hoja de vida: poeta.
El cumplimiento de los Derechos de la Niñez nos interesa a todos. Síguenos en Facebook  



¿YA CONOCES LA PRIMERA NOVELA DEL CREADOR DE ASUNTOS INCONCLUSOS PUBLICADA EN MIAMI? Es una gran trama política de actualidad basada en nuestras entrevistas con destacados personajes públicos. Lee la sinopsis y dónde comprar aquí.