POR CHRISTIAN RODRÍGUEZ
Un amigo me contó que
mientras daba un paseo por Bilbao un grupo de turistas latinoamericanos se le
acercó para preguntarle en dónde quedaba algún McDonald’s cerca para ir a
comer. Todos se quedaron con una cara de total desconcierto cuando mi amigo les
contestó que no sabía y que probablemente no existía ninguno en esa ciudad.
En realidad sí existen
los McDonald’s en Bilbao, pero son tan pocos que si los contamos con los dedos
de la mano nos sobrarían dedos. En esta ciudad, como en muchas alrededor del
mundo, la comida aparte de ser barata y rica es un símbolo de identidad
cultural, regional y nacional. No es de extrañar que las personas en
Bilbao prefieran mil veces ir a comer "pintxos" en lugar de hamburguesas.
Lo que sí me extraña es
la actitud de muchas personas, que tengan tan bajas expectativas a la hora de
elegir algo, como cuando con unos amigos guatemaltecos nos encontrábamos en El
Salvador y hubo una discusión al momento de elegir en dónde ir a comer. Las
opciones que dieron fueron McDonald’s o Pollo Campero, algo tan absurdo
teniendo las famosas pupusas salvadoreñas.
Cada vez que regreso a
Guatemala muchas de mis amistades me invitan a este tipo de restaurantes de
comida rápida, pero lo que a mí se me antoja comer en Guatemala son platos
típicos populares en el Mercado Central, o sin ir tan lejos, caminar a la
esquina a degustar tostadas, chuchitos o rellenitos que es más tradicional,
rico y además mucho más barato. Ojo, que McDonald’s es de las comidas más
baratas en otros países, pero en Guatemala no se ajusta a la economía general
del guatemalteco promedio y se paga mucho por un producto que no vale.
Entiendo que a veces uno
no tenga tiempo y se zampe al buche cualquier basura que encuentre, pero de eso
a preferir comer siempre lo rápido, lo plástico y lo artificial contrario a una comida natural, autóctona,
sana y hecha con paciencia y esmero, es que realmente me parece absurdo.
No es ningún secreto que la "comida" de McDonald’s y la de muchos restaurantes de comida rápida superan
los valores de grasas saturadas, químicos conservantes y sustancias tóxicas recomendables
para consumo humano. Curiosamente ese tipo de comida chatarra es el que se les da
a los niños como premio por haber sacado buenas notas, por sus cumpleaños o
porque son niños y se merecen "lo mejor".
"¿Qué ser humano en su
sano juicio pondría un trozo de carne remojada en hidróxido de amonio en la
boca de un niño?", se preguntaba el reconocido chef británico Jamie
Oliver, en la cadena de la BBC, haciendo referencia a la carne que usan en McDonald’s.
Pero lo que es realmente
preocupante de la multinacional no es la comida que sirve. Hay otras cosas mucho
más graves y hasta gobiernos y otras organizaciones han interpuesto demandas y
multas contra la multinacional. Aquí unos ejemplos.
Explotación
laboral
"McJob" es un término utilizado por primera vez
por el sociólogo Amitai Etzioni en el Washington Post para referirse a “trabajos
poco estimulantes y mal pagados”, y a eso hay que agregar que son trabajos
que se realizan bajo mucha presión y estrés, con
prohibiciones de crear sindicatos o participar en huelgas, condiciones
insalubres, fraude de horarios, incumplimiento de pagos por desempleo y de
seguros para el retiro, violando casi todos los estatutos laborales de la
mayoría de países en donde funciona la franquicia.
A esto se suma la contratación de inmigrantes ilegales y menores con la
que pagan menos salarios en condiciones de explotación.
Destrucción de selvas
Según un informe de Greenpeace, empresas que
distribuyen la carne para esta multinacional se han apropiado de grandes
terrenos de las selvas para la ganadería y la producción de alimentos para
ganado. Con esto se impide que
las tierras sean usadas para los cultivos autóctonos, lo que ayudaría a mitigar el
hambre en estos países.
Publicidad engañosa
Son muchos los países en donde se ha demandado y
multado a la empresa por prácticas publicitarias que malinforman del
contenido de los productos, además de pretender hacer creer que el producto es
saludable.
Evasión de impuestos
Como la denuncia interpuesta por tres organizaciones
sindicales europeas y americanas y una ONG británica que acusaron a la cadena
de montar una estructura en Luxemburgo con filiales en Suiza para evadir
impuestos por más de mil millones de euros.
Y así, con todas esas y otras tantas acusaciones a las
que se ve enfrentada la multinacional, no es de extrañar que en 2015 más
de 700 restaurantes se verán clausurados. Es la peor crisis
económica que ha tenido la empresa desde su creación, producto de la "competencia de cadenas de comida rápida más
saludables, consumidores más informados y un menú demasiado elaborado”, según su
propio portavoz.
Pero también la fuerte presión social,
principalmente la referida a las multitudinarias protestas del "Día Internacional Anti-McDonald’s" que se celebran anualmente desde la década de los 80s cada 16 de
octubre, coincidiendo con el Día Internacional de la Alimentación. Estas
protestas se realizan en más de 325 ciudades en casi todo el mundo.
Por supuesto que al decir "casi todo el mundo" no se incluye
a Guatemala. El caso de Guatemala es la antípoda del asunto.
Es precisamente en
esos días de octubre que, por casualidad o por taparle el ojo al macho, se
celebra el "McDía Feliz". Es cuando miles de personas acuden en manada a atiborrarse de grasas
saturadas para satisfacer, no sólo su hambre, sino también su ego y su necesidad
de "ayudar al prójimo". Porque con las
ganancias de la venta de hamburguesas se beneficia a la Fundación Infantil Ronald McDonald en la que colaboran con proyectos que ayudan a la niñez que
sufre de enfermedades graves, a familias en extrema pobreza y hacen donaciones
de equipo médico a hospitales.
Algunos dirán que con ese
dinero la empresa se cubre para no pagar impuestos. Eso no lo sé, no es ese el
asunto que quiero exponer en este texto, sino poner los ojos en el consumidor
que pretende que con sólo dar dinero se solucionan los problemas del país. Ayudar
va más allá de la caridad creadora de dependencia. No se trata de sólo dar
dinero, también hay que involucrarse de alguna manera.
El científico Hidehiko
Takahashi asegura que el cerebro recibe estímulos de recompensa y bienestar
cuando, por ejemplo, se hacen donaciones con carácter social, pero en el cerebro
pasa totalmente lo contrario cuando la persona recibe una donación, porque el
cerebro lo vincula con la exclusión social.
Sólo dar dinero por
caridad no es beneficioso para quien lo recibe. Beneficioso es lo que hacen las
personas que se involucran en los proyectos donde ponen de su tiempo, de sus
conocimientos, acompañan, visitan, crean proyectos, los ejecutan, sensibilizan
y en algunos casos también dan dinero.
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| McDonald’s celebra su McDía Feliz en Guatemala desde 1999. Foto: octubre de 2014. MAGA |
Si quieres realmente
ser parte del grupo de personas que ayudan a que el mundo no sea tan
jodidamente injusto, creo que comprar una hamburguesa por caridad no es el
camino correcto, ni siquiera si das el dinero y no aceptas la hamburguesa.
Mejor que eso, elige a alguna entidad que lo necesite, acércate, conoce qué es lo
que hacen y cuáles son sus carencias. Aquí les dejo una lista con más de 240
entidades sin ánimo de lucro que trabajan en Guatemala; las hay para personas con discapacidad, mujeres maltratadas, orfanatos, desarrollo
económico, medio ambiente, soberanía alimentaria, derechos de los animales,
niñez, educación, asistencia médica, familias en extrema pobreza, salud y otras.
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Christian Rodríguez DE SIMAS Y CIMAS
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| Nací en 1976. Crecí en la zona 18.
Para escapar me fui a probar suerte a
las montañas (más de 400 ascendidas en Europa, África
y América).
Soy guía de montaña titulado en Europa, conferencista, galardonado escritor y fotógrafo. Presidente de Entreamigos-Lagun Artean. Migré a tierras vascas (2009) siguiendo el amor. |
¡Hagamos
felices los días y las vidas de la niñez guatemalteca! Síguenos en Facebook
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