lunes, 2 de marzo de 2015

¿Desarrollo humano en el capitalismo? (I)



POR JESÚS ABAC




(Introito)
 

«K. era miembro de un Estado constitucional en el cual reinaba la paz y el orden y las leyes eran cumplidas», nos escribe Kafka en El Proceso. O lo que después, apologéticamente, mencionaría Amartya Sen[1] en Desarrollo y Libertad dando por sentado que: «Durante el siglo XX se ha consolidado el sistema de gobierno democrático y participativo como modelo superior de organización política». 

La primera cita es un Cæterīs pāribus ´[2]. La segunda es un hecho dado por absoluto y concreto. 

La primera cita es una ficción, un artífice literario, un deleite a la imaginación, un libro-El Proceso-con un análisis crítico sobre el principio de justicia; lleno de letras-signos-palabras concatenados que afecta a los humanos de forma espiritual. El segundo es un argumento teórico-prácticoutilizado para establecer políticas económicas y sociales que afectan la vida material de la humanidad.






The Trial, BBC (1993). Una adaptación del film de Harold Pinter sobre la novela original de Franz Kafka de 1925.        
      



Por eso nos cuestionamos: ¿Realmente las políticas basadas en la teoría del desarrollo humano lograrán su objetivo en este modelo económico, social, moral y político llamado "capitalismo"? 

¿Cuánto tiempo soportaremos las teorías y políticas que intenten perpetuar un sistema que, con su agónico fenecimiento, provoca la muerte física y espiritual de millares de seres vivos? 

¿Los economistas tienen la verdad sobre el devenir del desarrollo y son ellos los designados para determinar los anhelos materiales y espirituales de la humanidad? 

¿La teoría del desarrollo humano, la democracia y el capitalismo son conceptos acabados?



Estos serán los temas que abordaremos con afán crítico en las próximas publicaciones, con el fin de dar respuesta a las anteriores cuestiones y tratar de demostrar que éstas se encuentran intrínsecas en la paradoja mitológica del desarrollo humano. 



 
Intentaremos debatir que el nuevo Informe de Desarrollo Humano plantea la resiliencia como limitadora de la emancipación; que la acumulación es el eslogan del capitalismo; que el actual sistema nos conduce a la pauperización material y espiritual de la humanidad; y que la crisis de la ciencia económica tiene como causa los “economicismos” de los economistas. Y claro, debatir si es necesario en estos tiempos hablar de desarrollo dentro del capitalismo.




Jesús Abac      EN CUATRO CAMINOS... 


No soy economista, ni mucho menos escritor, tampoco artista ni columnista. Simplemente creo que desde el momento que me enseñaron a leer me enseñaron a dudar. Y con la duda se inicia la emancipación.
 





[1]Economista bengalí, India, galardonado con el Premio Nobel de Economía en 1998. Teórico de la economía del desarrollo.


[2]Locución italiana muy utilizada en la ciencia económica que se significa ‘siendo las demás cosas iguales’ o ‘permaneciendo el resto constante’.

domingo, 1 de marzo de 2015

Culpar a la niñez





POR MYRELLA SAADEH

 
Quiero proponer una reflexión relativa a dos maneras en que algunas personas abordamos fenómenos que afectan a la niñez.

La primera, aplicando una idea que William Ryan acuñó, y a través de la cual se le atribuye total o parcialmente la responsabilidad de su condición. 

La segunda, enfocando los temas solamente desde los problemas y sus consecuencias y no desde las raíces o sus causas. 

Me preocupan estos abordajes, principalmente cuando se trata de violaciones a los derechos de protección de la niñez como maltrato físico o emocional, abuso sexual, explotación sexual comercial, niñez trabajadora y el fenómeno actualmente discutido: el matrimonio de personas menores de edad.

Es común decir en Guatemala (no tengo evidencia para generalizarlo a otros países, aunque infiero que en la mayoría ocurre lo mismo) que la razón por la que los niños y niñas son maltratados radica en su mal comportamiento: contestarle mal a los padres o maestros, no hacer caso cuando les llaman a comer o a dormir, o no hacer sus tareas escolares o del hogar; son suficientes razones para recibir un grito, humillación o golpes. 

También es frecuente escuchar que la niña o adolescente fue abusada sexualmente porque es una "coqueta", se viste provocativamente y sale a la calle así. Las niñas y adolescentes prostituidas o utilizadas para el turismo sexual o pornografía son calificadas como "haraganas", "vanidosas", "rodeadas de malos amigos" que les han llevado por mal camino o por "formas fáciles de ganarse la vida".

Al final, el maltrato, el abuso y la explotación parecieran ser ocasionados por los chicos y las chicas y no por el sistema familiar, escolar, comunitario y de país; los cuales los consideran culpables de los males que les aquejan.

Para muchos, ellos y ellas son los que están en situación irregular y no el sistema en el que viven (el que ha dado origen a la violencia estructural y social que sufren); perspectiva que ya tuvo que haber sido superada en buena parte a partir de la ratificación de la Convención sobre los Derechos del Niño en Guatemala.


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Por otro lado, caemos en la tentación de otro abordaje erróneo: desde sus consecuencias y no por sus causas.

Ejemplifico.

En el abordaje del fenómeno de la niñez y adolescencia trabajadoras, desde el plano internacional hasta el local; se promueve su erradicación como estrategia. 

La misma se manda en el Convenio 182 de la OIT, la Constitución Política de la República de Guatemala, el Código de Trabajo y la Ley de Protección Integral de la Niñez; y se pretende operativizar con una Política de Erradicación y una Hoja de Ruta. 

Es interesante cómo la estrategia y los instrumentos están planteados para que parezca que la niñez y sus familias son los culpables de su empobrecimiento y que tengan que trabajar, pero no abordan las causas por las que ellos y sus familias viven o sobreviven en condiciones de pobreza, y en muchos casos, de franca indigencia. 

Proyectos de 18 meses en los que se pretende sacar a los niños del trabajo, con una baja del 13 por ciento en la cobertura educativa para la primaria en los últimos tres años; son una ingenuidad, para no tildarlo de otra manera.

Otro ejemplo es la campaña que se realiza con el fin de impulsar la aprobación de una ley para elevar la edad del matrimonio de las personas menores de edad, con un enfoque exclusivo de erradicación: establecer la edad mínima para el matrimonio en 18 años, no tolerar las uniones de hecho de las personas menores de edad y prohibir el matrimonio forzado. La iniciativa presentada es importante, pero por sí misma no va a cambiar el fenómeno, en tanto no contemple abordar las condiciones o las causas que han llevado históricamente a las niñas y adolescentes a unirse de hecho o a casarse a temprana edad. Simplemente se prohíbe y pareciera que el matrimonio en menores de edad es un delito al igual que el matrimonio forzado.

Ni el matrimonio de personas menores de edad, ni el involucramiento de los niños y niñas en el trabajo, pueden ser modificados, erradicados o disminuidos a través de leyes, planes o programas que no hacen un abordaje causal de los fenómenos mencionados. 


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Tampoco es factible si se continúa planteando abierta o de manera sutil que la niñez es la responsable de dichos fenómenos. Culpar a la niñez no es el camino.



Myrella Saadeh      LABERINTO   



El nombre de esta columna es un lugar complejo, desde donde propongo hacer un recorrido por la situación de la niñez de Guatemala.
Soy psicóloga, catedrática de la Facultad de Humanidades de la Universidad Rafael Landívar de Guatemala e investigadora, y soy directora de PAMI. Una organización que promueve los derechos y la participación de la niñez y la adolescencia desde 1989.